lunes, 6 de agosto de 2012

Scarlatti y Soler o la sonata a la española II

Bóveda de la Biblioteca del Real Monasterio de El Escorial

El discípulo: Antonio Soler (1729-1783)

Gracias a la Memoria sepulcral anónima escrita tras su fallecimiento el 20 de diciembre de 1783 conservamos una breve biografía de Antonio Soler. Era costumbre escribir estas necrológicas entre los jerónimos de El Escorial y el propio Soler escribió en 1766 la de fray Pedro Sierra, al que le unía una gran amistad. Aunque estas Memorias no son de una impecable precisión, se ha comprobado que muchas de las informaciones sobre Soler sí son ciertas. También se conservan siete cartas que Soler escribió entre los años 1765 y 1772 al padre Juan Bautista Martini de Bolonia, que han permitido clarificar algunos datos.


            Antonio Soler Ramos nació en Olot (Gerona) en 1729 y se formó en la Escolanía de Montserrat, donde tuvo como maestros al padre Benito Esteve y al organista Benito Valls. Allí aprendió solfeo, órgano y composición, estudiando las obras de José Elías y seguramente las de Juan Cabanilles. Es posible que hiciera oposiciones a maestro de capilla bien en la catedral de Lérida, bien en la de la Seu d’Urgel, pero probablemente realizó alguna estancia en Lérida, ya que algunas de sus obras están firmadas allí. Soler tenía claro que quería tomar el hábito y fue admitido como novicio en el monasterio del Escorial en 1752 e incluso se conservan los informes de su genealogía y limpieza de sangre que entonces eran necesarios para postular a este noviciado. Para el día de su profesión, el 29 de septiembre de 1753, compuso el Veni Creator a ocho voces y violines. Durante su etapa escuraliense recibió clases, según él mismo escribió al Padre Martini en 1765, de José de Nebra y Doménico Scarlatti. También se menciona que Scarlatti fue su maestro en la primera edición de las Sonatas para clave. A partir de 1766 se encargó de la formación musical de los hijos de Carlos III, los infantes Antonio y Gabriel, durante las temporadas en que la corte permanecía en El Escorial.

Infante don Gabriel

Soler cultivó los géneros religioso y teatral, así como la música instrumental. Dentro del primero, existen algunas obras compuestas en el estilo polifónico típico de la escuela renacentista española como el responsorio Peccantem me quotidie a cuatro; pero predominan las composiciones religiosas más modernas, de estilo armónico, como el Confitebor tibi Domine y el Stabat Mater. Dentro del repertorio religioso en lengua española, compuso más de cien villancicos, algunos en honor a San Lorenzo, otros a San Jerónimo y sobre todo para las festividades del Corpus Christi y de Navidad. Un ángel y un demonio, Antón y Pascual, Bartolillo con la danza prima, Congregante y festero, De un sacristán y un monago, Infantillo, poeta y cura, etc. son algunos de los más destacados.
Se conservan una treintena de obras escénicas, entre comedias, autos, sainetes, loas y entremeses, muchas de ellas con textos de Calderón de la Barca. La función de estas piezas parece ser que era entretener a la comunidad, así que son obras sencillas, alguna de ellas policoral, y con partes instrumentales que sí son muy características del lenguaje musical de Soler.
            Dentro de la producción camerística, además de los Seis conciertos para dos órganos obligados, compuso para la Real Cámara del Infante don Gabriel los Seis quintetos para dos violines, viola, violoncelo y órgano o clave obligado donde se aprecia la influencia de Luigi Boccherini. En algunas de las sonatas para teclado se percibe el legado de Scarlatti, aunque hay muchas diferencias con respecto a las del maestro y Soler siempre supo encontrar su propio estilo. Formalmente, hay sonatas en un solo movimiento, y otras en varios tiempos, cuyo estilo se asemeja en ocasiones al de Carl Philippe Enmanuel Bach.

La Llave de la modulación y otros escritos

Menos conocida, pero también digna de mención, es la aportación teórica de Soler. Costeada y editada por la comunidad jerónima de El Escorial, vio la luz en 1762 la Llave de la modulación. En este tratado Soler explicaba los tipos de modulación y otras cuestiones teóricas como los cánones enigmáticos de la música de los siglos XIV a XVI. Aunque el libro convenció a músicos de la talla de Francisco Corselli, José de Nebra y Nicolás Conforto, provocó también duras críticas y una de las polémicas de la música española del siglo XVIII. La primera reacción fue la de Antonio Roel del Río, maestro de capilla de la catedral de Mondoñedo (Lugo), con la publicación en 1764 del ensayo Reparos músicos precisos a la Llave de la modulación que recibió respuesta de Soler un año después con un texto de tipo epistolar titulado Satisfacción a los reparos hechos por don Antonio Roel del Río. Este primer ataque fue positivo en cuanto que permitió a Soler completar los argumentos que ya presentaba en 1762 y criticar el conservadurismo de algunos maestros contemporáneos, como el del propio Roel. En 1765, Gregorio Diáz publica en Madrid un opúsculo titulado Diálogo crítico reflexivo entre Amphion y Orpheo donde discute la novedad de la Llave de la modulación. Soler se defendió en 1766 con la Carta escrita a un amigo por el P. Fr. Antonio Soler insistiendo en la originalidad de su tratado y de algunas denominaciones que en él aparecen sobre la modulación; así mismo, reitera la valoración positiva de ciertos músicos españoles y recuerda que su objetivo era dirigirse a los discípulos y no a los maestros.
Finalmente, el maestro de capilla de la iglesia de Figueras, Juan Bautista Bruguera, editó en 1766 un opúsculo en defensa del “Laberinto de laberintos”, un manuscrito anónimo (aunque hay quien piensa que su autor pudo ser el propio Bruguera) que circulaba en España y que trataba sobre el uso de las alteraciones. Soler había puesto en duda la certitud de algunas de las teorías de ese libro en La Llave de la modulación. También este ataque tuvo su respuesta, aunque no por parte de Soler, sino de José Vila, quien escribió la Respuesta y dictamen que da al público el reverendo José Vila, presbítero y organista de la villa de Sanahuja, a petición de la “Carta apologética”, escrita en defensa del "Laberinto de los laberintos" del padre fray Antonio Soler.
Este cruce de acusaciones y defensas nos permite entender diferentes puntos de vista sobre la teoría musical de la época y conocer la visión de Soler. También debemos tener presente que es posible, como señala Kirpatrick, que la Llave de la modulación pueda explicar algunas de las riquezas armónicas de las sonatas de Scarlatti.
Tras esta controversia, y según una carta de Soler al Padre Martini de 1766, parece ser que estaba trabajando en otro tratado sobre “música eclesiástica antigua, inocente, clara y devota”. Desgraciadamente esta obra se ha perdido, pero es posible que los materiales de Soler fueran aprovechados por José Teixedor en su Discurso histórico sobre la música religiosa y en el Discurso sobre la historia universal de la música.
Aún más curiosa fue su última obra teórica, que nada tiene que ver con la música y sí con las matemáticas, una de sus aficiones: la Combinación de monedas y cálculo manifiesto contra el libro anónimo intitulado; Correspondencia de la moneda de Cataluña a la de Castilla, que se editó en 1771 y que contiene tablas de equivalencias como consta en el título. Estos variados intereses muestran de alguna manera que Soler era un hombre ilustrado digno del siglo en el que vivió.

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