martes, 24 de julio de 2012

Scarlatti y Soler o la sonata a la española I


Domenico Scarlatti y Antonio Soler, maestro y discípulo respectivamente, son los dos pilares de la música española para teclado del siglo XVIII. Sus sonatas, famosas por su variedad y belleza son apreciadas internacionalmente. La riqueza de su obra instrumental ha tenido además un gran impacto en los compositores españoles del siglo XX: desde el 3er movimiento del Concierto para clave y cinco instrumentos de Manuel de Falla, pasando por las Dos sonatas de El Escorial de Rodolfo Halffter o la Suite mediterránea para conjunto instrumental de Manuel Castillo de 1980 en homenaje a Antonio Soler. Se establece, gracias a ellos, una continuidad entre la escritura de rasgos hispánicos del siglo XVIII y la música española reciente.

El maestro: Domenico Scarlatti (1685-1757)

Hijo del célebre Alessandro, Domenico Scarlatti nació en Nápoles en 1685. Se formó probablemente con su padre, siguiendo sus pasos como organista y compositor de la Real Capilla de su ciudad natal. En 1703 compuso su primera ópera, L’Ottavia ristituita al trono dedicada a la condesa de San Esteban de Gormaz. Tras una estancia en Venecia, residió en Roma, donde no hay que descartar que fuera discípulo de compositores como Gaetano Greco, Bernador Pasquín y Francesco Gasperini. Allí estuvo al servicio de la reina exiliada María Casimira de Polonia y compuso para su teatro el Palazzo Zuccari varias óperas como La Silvia (1710), Tolomeo et Alessandro ovvero La corona disprezzata (1711), e Ifigenia in Aulide (1713) entre otras. La composición de óperas y cantatas durante estos años no impidió que Scarlatti fuera muy pronto reconocido como un extraordinario clavecinista. Circula una anécdota según la cual el cardenal Pietro Ottoboni, que organizaba los recitales de la academia poético-musical, le obligó a enfrentarse a Händel en un reto entre las escuelas de teclado italiana y alemana respectivamente.


A través del embajador portugués en Roma, el marqués de Fontes, tuvo la oportunidad de viajar a Lisboa en 1719. Ese viaje y su residencia en la capital portuguesa hasta 1728 abrirán una nueva etapa en su vida y tendrá consecuencias decisivas en su obra para teclado. Allí conoció a Carlos Seixas, otro gran compositor de música para clavecín.
Entró al servicio del rey Juan V de Portugal y fue el maestro de su hermano, el infante Antonio, y de su hija, la princesa María Bárbara de Braganza. Cuando en 1729 se celebró el enlace entre María Bárbara y el príncipe de Asturias, el futuro rey Fernando VI, la Princesa invitó a Scarlatti a que les siguiera a España y así lo hizo. Tras una primera etapa andaluza, hasta 1733, en la que el compositor napolitano descubre la variedad de ritmos y melodías populares españolas, llegaron a Madrid, donde Scarlatti residió hasta su muerte en 1757. Es en la capital de España donde se consagró a la composición de las sonatas y es esta parte de su obra con la que ha alcanzado un lugar privilegiado entre los compositores españoles.

Las sonatas de Scarlatti

Entre Essercizi, sonatas, fugas, etc. la obra para teclado de Scarlatti asciende casi a seiscientas piezas. Una capacidad de invención inagotable hace que este corpus resulte de muy difícil clasificación. Muchas de las sonatas se caracterizan por la utilización de ritmos de danzas españolas, como el bolero y la seguidilla, o por la imitación de los rasgueados de la guitarra, del toque de las castañuelas o de los taconeos del baile flamenco. Como señaló el clavecinista y musicólogo Ralph Kirpatrick:

 “ningún compositor, incluido Manuel de Falla, ha conseguido expresar la esencia de un país de forma tan elocuente como lo hizo el italiano Scarlatti. Como nadie supo captar el percutir de las castañuelas, el sordo sonido de los tambores, el lamento amargo y ronco de los gitanos, la alegría contagiosa de la orquesta del pueblo y, sobre todo, la tensa flexibilidad de las danzas españolas”.

            Pero, si lo español ocupa un lugar privilegiado en su lenguaje, no debemos por ello olvidar todas las piezas en las que está presente su Italia natal o donde desarrolla los ritmos de danzas francesas. Hispánico y universal a la vez, la obra para teclado de Scarlatti es sin duda un eslabón importante en el paso de la escritura para teclado del Barroco al Clasicismo, desde las Suites francesas o inglesas de J. S. Bach hasta las sonatas de J. Haydn. Este impresionante corpus sobresale también por su aportación a la técnica de teclado. La moderna utilización de arpegios, notas repetidas, cruces de manos, etc. llamó la atención durante el siglo XIX a pianistas como Carl Czerny o al propio Chopin, quien defendía el estudio de estas piezas y decía de ellas:

“Los profesores de piano están disgustados porque yo haga trabajar Scarlatti a mis alumnos. Pero me causa sorpresa que tengan tales reservas. En su música hay muchos ejercicios para los dedos, así como una buena dosis de espiritualidad de la más elevada. A veces, alcanza incluso a Mozart. Si yo no temiese incurrir en la desaprobación de muchos necios, tocaría Scarlatti en mis recitales. Afirmo que vendrá un día en el que Scarlatti será frecuentemente interpretado en los conciertos, que el público lo apreciará y se alegrará con él”.

            Desde principios del siglo XX se produjo la repercusión que Chopin había vislumbrado. El pianista y compositor italiano Alessandro Longo escribió un estudio en 1900 y editó las sonatas en 1913. Hoy esta edición ha quedado anticuada, pero la aportación de Longo a la difusión de Scarlatti es indiscutible. Las interpretaciones de pianistas como Enrique Granados, Ricardo Viñes o Vladimir Horowitz, y los más cercanos a nosotros, Andras Schiff y Christian Zacharias, además del papel esencial jugado por Wanda Landowska en la recuperación de la música de clavecín y de la integral de Scott Ross y las versiones de tantos clavecinistas han contribuido a que las sonatas de Scarlatti se conviertan en un clásico del repertorio de clave y piano.

2 comentarios:

  1. Muy interesante. Hace un par de días vi un reportaje sobre los borbones en España y me llamó la atención la figura de Bárbara de Bragança y su relación con las artes, especialmente con la música.

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  2. ¿de dónde sacaste este manuscrito del fandango?

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