sábado, 23 de junio de 2012

Fanny y Felix Mendelssohn


Una familia de intelectuales y artistas
Jacob Ludwig Felix Mendelssohn nació en el seno de una familia acomodada y culta. Su abuelo, Moisés Mendelssohn, se relacionó con los intelectuales de su época, incluyendo a Kant, y fue uno de los filósofos judíos más importantes del siglo XVIII. Entre sus escritos, Phaedon, un diálogo sobre la inmortalidad del alma, alcanzó mucha fama entre sus contemporáneos hasta convertirse en uno de los libros más leídos de su tiempo. En cuanto al padre de Felix, Abraham, consolidó una exitosa carrera como banquero y tuvo a gala que en su familia se mantuviera ese refinado ambiente artístico e intelectual. Lea Salomón, su esposa, pintaba con mucha habilidad y Felix heredó el gusto por la pintura y la destreza de su madre. La familia se convirtió al protestantismo, en 1816, quizás más por razones prácticas que religiosas, y añadieron un segundo apellido, “Bartholdy”, que compensara la clara ascendencia judía del primero.
Los Mendelssohn aprovecharon todos los viajes y desplazamientos dentro y fuera de Alemania para que sus cuatro hijos (Fanny, Felix, Rebecca y Paul) frecuentaran a intelectuales, artistas y sobre todo a músicos eminentes. En Berlín asistieron a las clases de Ludwig Berger, admirado por sus interpretaciones de Beethoven, y de Carl Friedrich Zelter, un ilustre profesor de teoría y composición de su tiempo. Fue Zelter quien propició en 1821 el encuentro entre Felix y Goethe, con quien, a partir de entonces, la familia tuvo una estrecha relación. El autor de Fausto protegió y estimuló la carrera de Felix y dedicó el poema Wenn ich mir in stiller Seele a Fanny en 1827. En París los Mendelssohn recibieron los consejos de Marie Bigot de Morogues, gran intérprete de Haydn y Beethoven, y el compositor italiano y director del Conservatorio de París, Luigi Cherubini, aseguró a Abraham que su hijo tenía ante sí un futuro musical muy prometedor.
Siguiendo el modelo de los “conciertos de los viernes” que había instaurado Zelter en Berlín, Abraham Mendelssohn organizó desde principios de la década de 1820 los Sonntagmusiken, conciertos matinales que tenían lugar en el domicilio de los Mendelssohn cada domingo. En ellos tocaron tanto Felix como Fanny y estrenaron algunas de sus propias obras. Estos conciertos se interrumpieron cuando Felix viajó a Inglaterra en 1829, pero Fanny los reanudó dos años después.
Además de a Goethe, los dos hermanos conocieron a Hegel y a Heine. Este clima refinado y culto fue la tónica general de sus vidas y siempre se relacionaron con la flor y nata musical europea: Chopin, Weber, Clara y Robert Schumann, Berlioz y Liszt.
Felix Mendelssohn, ¿un segundo Mozart?
Robert Schumann fue el primero en decir que Felix Mendelssohn era el Mozart del siglo XIX. Desde entonces ha sido comparado con el autor de La flauta mágica y es innegable que existen algunas similitudes entre ambos compositores. En primer lugar, Felix hizo su debut pianístico con nueve años y con dieciséis ya había compuesto obras maestras como el Octeto para cuerda o la famosa obertura El sueño de una noche de verano, estrenada bajo la dirección de Karl Löwe. La belleza, equilibrio y capacidad de descripción de esta obra son para muchos la prueba innegable de que Felix fue un niño prodigio que había alcanzado la madurez de su genio musical en la adolescencia. Además de sus dotes musicales, Felix tenía un gran talento para la pintura y la literatura, hablaba varias lenguas, su memoria era prodigiosa y, antes de cumplir veinte años, compuso y estrenó la ópera Las bodas de Camacho.
Los viajes fueron para Felix, igual que para el joven Mozart, una fuente de inspiración importantísima y como él desarrolló su carrera en varias capitales europeas. En Inglaterra, entre 1829 y 1832, se dio a conocer como pianista y como director de la Sociedad Filarmónica con éxito, según se refleja en la correspondencia a su familia. Los paisajes de Escocia le inspiraron dos obras maestras: la obertura Las Hébridas, también conocida como La Gruta de Fingal, y la Sinfonía nº 3, titulada Escocesa. Ante las ruinas de la capilla donde fue coronada María Estuardo, Felix tomó las primeras notas para su futura sinfonía Escocesa. En una carta a su familia describe las sensaciones que le produjo: “Siento como si el tiempo corriera muy velozmente cuando tengo ante mí tanto de lo que fue y tanto de lo que es… Hoy, a la hora del crepúsculo, fuimos al palacio donde vivió y amó la reina María. La capilla junto a él, actualmente ha perdido su techo, está cubierta de césped y de hiedra y, en el altar roto, María fue coronada reina de Escocia. Todo está en ruinas, deteriorado y abierto al cielo. Creo que he encontrado aquí hoy el comienzo de mi sinfonía Escocesa”. El viaje a Italia le inspiró una nueva sinfonía, la Italiana, que empezó a componer en 1831 y terminó de vuelta a Berlín en 1833. La estrenó con la Orquesta Filarmónica de Londres en ese mismo año.
Los Mendelssohn fueron educados en la admiración a la obra de Johann Sebastian Bach. Por un lado, Sarah Lévy, una tía, había estudiado con uno de los hijos del maestro alemán, Wilhelm Friedrich, y había coleccionado partituras autógrafas de Johann Sebastián. Por otro lado, el maestro de Felix y Fanny, Zelter, era un gran apasionado de la obra de Bach. Felix estudió con aplicación el contrapunto y compuso cánones y preludios y fugas que son un claro homenaje al Clave bien temperado. La ejecución de La Pasión según San Mateo de Bach a cargo de Mendelssohn el 11 de marzo de 1829 en la Singakademie supuso el redescubrimiento de Bach y un gran éxito para el joven músico. La influencia del Cantor de Leipzig y también la de Haendel están presentes en su música vocal, como los Salmos para coro y orquesta y los oratorios Elías y Paulus.
Entre las obras concertantes, que Felix cultivó con maestría, destacan el Concierto en mi menor para violín, una de las piezas maestras del repertorio de este instrumento, y el Concierto para piano op. 25, que Franz Liszt incluyó en su repertorio como pianista. En la correspondencia de Felix a su hermana Fanny se pueden leer algunos detalles sobre la composición de esta obra y una curiosidad: la joven pianista a la que está dedicado, Delphine von Schauroth, y de la que Felix estaba enamorado, compuso un pasaje para el concierto. La pasión por Delphine von Schauroth se fue enfriando y en 1832 Felix se casó con Cécile Jeanrenaud, hija del pastor de la Iglesia francesa reformada de Francfort.
Dentro de la obra pianística, las Romanzas sin palabras, compuestas entre 1829 y 1845, han sido muy admiradas por compositores e intérpretes. Y en las Variaciones Serias, también para piano, anuncia las enormes posibilidades que la variación del coral tendrá a lo largo del siglo XIX. La obra de cámara de Mendelssohn, aunque es menos conocida que la de Schumann y Brahms, merece toda nuestra atención. Las referencias a Beethoven son claras en los hermosos Cuartetos op. 12 y op. 13 y tanto el Sexteto para cuerdas como el Octeto mencionado tuvieron mucha repercusión en obras posteriores del mismo estilo.
En 1833 obtuvo un puesto como director musical de la ciudad de Düsseldorf y en 1835 director de la Orquesta del Gewandhaus de Lepizig. Su éxito creció considerablemente al transformar esta orquesta en una de las mayores atracciones musicales de Europa. Programó desde obras de Orlando de Lasso y de Palestrina hasta las recientes creaciones de contemporáneos como Schumann y Chopin, pasando por El Mesías de Händel entre otras. En 1841, el Rey Federico Guillermo IV de Prusia le propuso dirigir la Sección Musical de la Academia de Artes de Berlín. En 1846, en un nuevo viaje a Inglaterra, fue invitado al Palacio de Buckingham en presencia de la reina Victoria y del príncipe Alberto.
En 1843 fundó la primera escuela superior de música de Alemania, el Conservatorium für Musik de Leipzig y la dirigió hasta 1847. En ella impartieron clases los profesores de la orquesta del Gewandhaus y algunas de las personalidades musicales más ilustres del siglo XIX como Robert Schumann, Ignaz Moscheles o Carl Reinecke. La lista de alumnos célebres no se queda atrás, con compositores de la talla de Edgard Grieg o intérpretes como el pianista Wilhelm Backhaus y el director de orquesta Kurt Masur, que es el actual presidente de la Frundación Felix Mendelssohn-Bartholdy.
Felix Mendelssohn falleció a los treinta y ocho años, el 4 de noviembre de 1847, debido a la intensa actividad y al duro golpe causado por la pérdida de su hermana Fanny seis meses antes.
La obra desconocida de Fanny Hensel
Fanny Cecilia Mendelssohn nació en Hamburgo el 14 de noviembre de 1805, y es más conocida por el apellido de su marido, el pintor Wilhelm Hensel, con quien contrajo matrimonio en 1829. Era la mayor de los hermanos Mendelssohn y recibió la misma educación musical que Felix. Él era completamente consciente del talento de su hermana, la consideraba mejor pianista que él y tenía en cuenta su opinión musical. Estuvieron siempre muy unidos y sabemos mucho de la composición de algunas de las obras de Felix gracias a la correspondencia que mantuvo con Fanny y que publicó el hijo de ésta, Sebastián Hensel, bajo el título “La familia Mendelssohn 1729-1847”. La relación entre los dos hermanos es esencial para comprender la vida y la obra de Felix.
Fanny compuso obras de envergadura como la Obertura en Do para orquesta y la Escena dramática para soprano y orquesta “Hero und Leander”, la cantata Fausto para soprano, coro y piano; algunas cantatas más, oratorios, dúos y tríos vocales con piano y música de cámara, entre la que sobresale el Trío en re menor. Pero son las piezas breves, de carácter íntimo, bien para piano solo, bien para voz y piano, donde encontramos todas las cualidades de su talento musical. Su producción pianística es típica del Romanticismo, con numerosos álbumes de pequeñas piezas (Dos Bagatelas, Romanzas sin palabras op. 8, preludios para órgano, piezas para piano a cuatro manos, etc.). De las cuatrocientas piezas que Fanny Hensel compuso sólo una decena fue publicada durante su vida, lo cual nos debe hacer una reflexión sobre las dificultades innegables que encontraba una mujer con talento musical en pleno siglo XIX a pesar de proceder de una familia acomodada. Aunque poseía dones suficientes para desarrollar una carrera como pianista y como compositora, no recibió el mismo apoyo familiar que su hermano Felix a la hora de profesionalizar sus aptitudes. De hecho, una parte de sus composiciones fueron publicadas a nombre de su hermano y algunos de sus lieder se hicieron famosos sin que se supiera que la autora era realmente ella. Algunas de estas piezas, como Im Herbste, Sehnsucht, Ferne, Harfners Lied, Warum sind denn die Rosen so blass, Ach! Die Augen sind es weider, entre otras, hoy se estudian como modelos del género. Sólo en el último año de su vida, alentada por su marido, publicó algunas obras. Wilhelm Hensel no sólo animó a su mujer sino que ilustró las piezas de Fanny con dibujos, que convierten las ediciones de los Hensel en una pequeña obra de arte. Así ilustró El año, un álbum de doce piezas para piano compuesto en 1841 y dedicada cada una a un mes.
Como Clara Schumann, Fanny Hensel fue una de las mujeres de mayor talento musical del siglo XIX, con una formación musical de las mismas características y nivel que la de un hombre pero sin las mismas posibilidades de acceso a la difusión y producción de su obra. De ella dijo el compositor francés Charles Gounod: “La Señora Hensel era un músico inolvidable, una pianista excelente, una mujer intelectualmente superior. Era pequeña y menuda, pero el fuego de su mirada revelaba una extraordinaria energía. Como compositora era excepcionalmente talentosa.”

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