martes, 16 de septiembre de 2014

Iconografía musical en el Museo Lázaro Galdiano



En el Museo Lázaro Galdiano, situado en la madrileña calle de Serrano, podemos contemplar el famosísimo cuadro de Zacarías González Veláquez en el que pintó a su hija Manuela tocando el piano y mirando al pintor. Este óleo ha servido en muchas ocasiones tanto para ilustrar la pintura neoclásica como para encarnar el piano romántico en España. También se conserva una réplica del famoso Violinista en la ventana del pintor de la escuela holandesa del siglo XVII Gérard Dou. No son estos los únicos cuadros ni los únicos indicios de la presencia de la música en el Lázaro Galdiano. Sólo con consultar la base de datos (en http://www.flg.es/) descubrimos más de cincuenta objetos relacionados con la música de muy diversa índole: cerámica, muebles, curiosidades como tinteros o relojes; una importante colección de abanicos, y por supuesto, estampas, retablos y cuadros. La cronología del conjunto es impresionante, pues abarca obras desde el siglo V antes de Cristo hasta el siglo XX.
Para los amantes de la Antigüedad grecorromana, recomendamos dos piezas, dignas de admiración, que están entre las más antiguas: una hermosa crátera campaniforme griega en la que podemos ver una figura masculina con una lira del siglo V antes de Cristo; y una estatuilla en bronce y oro, también de procedencia griega y del siglo III antes de Cristo, que representa a un muchacho tocando un doble aulos (5284 y 2074 respectivamente[i]).
            Dentro de las colecciones relacionadas con la música hay dos muy distintas. La primera es una buena muestra del mobiliario francés del siglo XVIII, en especial de las maderas y tapicerías de Beauvais. En el Museo se conservan sillas y sofás adornados con motivos y emblemas musicales. La segunda es la colección de abanicos, también en parte de procedencia francesa, y muchos de ellos con varillaje en marfil o concha de gran delicadeza, con representaciones musicales reales o imaginarias muy variadas: desde escenas campestres con personajes reales tocando instrumentos (4330), hasta escenas mitológicas como la Alegoría de las Ciencias y de las Artes (4346), pasando por los personajes de la Comedia Italiana (4332). Una pieza importante de la colección es el llamado Abanico Farnesio, tal vez pintado por Doña Isabel de Farnesio, y con instrumentos que acompañan una alegoría de Júpiter y Venus (323).
            Desde el punto de vista iconográfico, la colección de estampas es impresionante: por ejemplo, las que representan grupos de músicos (10812, 11283 y 284), la de Poetas y músicos, en la que Rossini y Boildieu comparten espacio con Homero y Molière (11104), y dos estampas de Rembrandt Harmensz van Rijnde muy distintas entre sí: Músicos ante el portal de Belén y Los siete ángeles con trompetas de la serie del Apocalipsis (12181 y 10780 respectivamente).
            Los amorcillos músicos inundan el Museo y aparecen en todo tipo de objetos, pintados, grabados, bordados y esculpidos. La versión cristiana, es decir los ángeles músicos, está igualmente presente, por ejemplo en la curiosa capilla abridera en madera de boj del siglo XV (2975) o en los numerosos cuadros y retablos religiosos, como el tríptico de La Virgen con el niño de Juan de Sevilla del siglo XV (2798). Además de los ángeles ornando escenas de la Natividad merecen atención los que aparecen tocando las trompetas del juicio final en las escenas relacionadas con el Apocalipsis, como los de la estampa citada más arriba o los del bellísimo tríptico en marfil y hueso francés del siglo XIV (330).
            Dentro de las curiosidades hay realmente mucho donde elegir: el tintero y portaplumas de bronce y porcelana que combina figuras musicales con cisnes (7869), el plato en forma de cuenco de cerámica azul del siglo XVI (1306) o la medalla en plata del siglo XX, en el que San Gregorio y Santa Cecilia rodean a una virgen sentada, sobre una inscripción que dice “IV Congreso de Música Sacra de Vitoria” (5470), entre otros. Pero nuestros preferidos son el taburete de piano en madera de caoba (8303), la medalla de plata de Coudray de finales del XIX dedicada a Orfeo, quien aparece con la lira en la mano en el anverso (5355), y el reloj suizo del siglo XIX en forma de lira, en oro y con un reborde de perlas (746) que se encuentra en la vitrina de la Sala XIX.
Para acabar, y ya fijándose bien, comprobamos que la música también aparece representada en miniatura, y así lo prueba una cajita de madera y concha redonda de unos dos centímetros de diámetro. En la tapa vemos una escena de interior en la que una joven toca un clave o piano y en el suelo reposan un laúd, una trompa y unas partituras (7882).
La conclusión de este breve paseo por los fondos relacionados con la música del Museo Lázaro Galdiano es que con frecuencia nos sentimos fascinados por la iconografía musical de los museos extranjeros y olvidamos que algunas salas de muchos museos españoles poseen un material de primera categoría, que puede y merece ser estudiados desde el ángulo puramente musical.



[i]     Entre paréntesis hemos anotado el número de cada pieza para que el lector pueda encontrarlo con facilidad tanto en los catálogos como en la base de datos citada.
Este artículo fue publicado en la revista digital Opusmusica, 2009, Vol. 34. ISSN:  1885-7450.

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