sábado, 1 de junio de 2013

Juegos de agua



Juegos de agua de M. Ravel, por Martha Argerich


Si el mundo fuera como las novelas juveniles a la moda, repleto de vampiros, hombres lobo, zombis y otros seres terroríficos que se adueñan de las almas, la música sería la salvación: la melodía que vence a la oscuridad, el ritmo que ordena el caos, la armonía que hace brotar la vida allí donde solo reina la esterilidad.

La luz de la música, en especial la del piano, es imborrable. Aquel que la ha conocido, aquel que la ha sentido nunca puede olvidarla. Ya puede vagar cien siglos por la oscuridad y la locura que el tejido pianístico de unos cuantos minutos que escuche le envolverá de cordura. El piano es una espada legendaria y vencedora, hecha de la afilada lama de la razón y curtida en millones de batallas donde ha expresado toda la gama de sentimientos y emociones que pueden salir de un corazón humano. El piano recompone naufragios y resucita almas rotas.



2 comentarios:

  1. Nose podría definir mejor, Beatriz. Los que hemos sentido la magia del piano en nuestros dedos lo sabemos

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  2. Gracias, mi querida Soraya. Te recuerdo como si ayer hubiéramos estado en clase, tu sonrisa la recuerdo muy bien. Por alumnos como tú, por personas como tú uno dedica la vida a la docencia, no para enseñar sino para compartir. Me siento afortunada de cada minuto que pude contar algo de música a alguien como tú. Y que ahora me sigas es mi mayor recompensa.

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