lunes, 27 de agosto de 2012

Mejorar el aprendizaje: el sueño

Estamos a las puertas del nuevo curso escolar y es un buen momento para reflexionar y recordar qué favorece el aprendizaje y cómo nuestras horas de estudio pueden ser más eficaces. Empiezo hoy una serie de entradas relacionados con las bases y necesidades del aprendizaje.




¿Por qué el sueño es tan importante para el aprendizaje?

«Long assumed to be little more than a silent period of rest for the
brain, sleep remains something of a biological mystery. Clearly, the
functions of sleep are essential to life, as it is evolutionarily
conserved from lower organisms to birds and mammals.»


Los investigadores Miyamoto y Hensch recuerdan en su artículo «Reciprocal interaction of sleep and sinaptic plasticity» de 2003, del que se ha tomado la cita inicial, que, aunque, desde hace mucho, se asume que el sueño no sea simplemente un periodo de descanso, tampoco lo sabemos todo de él y quedan misterios por descubrir. 
     La privación de sueño durante un período de más de cuatro días puede producir trastornos mentales como alucinaciones y delirios, además de síntomas físicos que van desde el cansancio hasta diferentes tipos de patologías orgánicas. Por tanto, si el sueño es esencial para la vida, como lo son la hidratación y la nutrición, es evidente que va a jugar un papel relevante en el aprendizaje. En casos de privación completa de sueño, un individuo no sólo no podrá aprender, sino que su salud y vida estarán en peligro. Pero, sin llegar a estos extremos, una leve falta esporádica o continuada de sueño, o incluso una mala calidad de sueño puede afectar al aprendizaje con mayor o menor gravedad según los casos.


1.- Definición, características y fases del sueño

En relación con el término «sueño», la Real Academia de la Lengua Española reenvía a la voz «dormir» y la define como «estar en aquel reposo que consiste en la inacción o suspensión de los sentidos y de todo movimiento voluntario». Otra definición, directamente aplicada a la Pedagogía, es que el sueño es un estado específico del cerebro caracterizado por la inhibición de los sistemas de alerta (Anaya Nieto, 2009). Ambas definiciones inciden en la desconexión de los estímulos externos que se produce durante el sueño. Eso no implica que el cerebro permanezca inactivo, sino que su actividad es diferente a la mantenida en estados de vigilia, tal y como muestran los tres tipos de registro nocturno de tres variantes electrofisiológicas:

·        electroencefalograma (EEG): registra la actividad eléctrica cerebral
·        electrooculograma (EOG): registra los movimientos oculares
·        electromiograma (EMG): registra la actividad muscular del cuello y mentón

Con estos diagnósticos se conocen también las fases del sueño y principalmente la fase de sueño profundo y la de sueño paradójico, cuyas características son bien diferentes (ver Cuadro 1).

Cuadro 1. Fases principales del sueño

Fases
Sueño profundo o de ondas lentas
Sueño paradójico o REM (Rapid Eye Movement)
Ondas EEG
Presencia de ondas largas, espaciadas y sincronizadas
Ondas cortas y rápidas, semejantes y  desincronizadas
Ondas PGO (ponto-genicular-occipitales)
Ausencia
Presencia
Sueños
Estáticos o nulos (parece que uno no sueña)
Narrativo (se sabe que se ha soñado e incluso se recuerda qué)
Tono muscular
Moderado
Ausencia
Movimiento ojos
Lentos o nulos
Rápidos
Efectos corporales
Se segrega la hormona del crecimiento. Disminuye la frecuencia respiratoria y cardiaca, así como la presión arterial
Aumenta la frecuencia respiratoria, la presión arterial y el gasto cardiaco; también el flujo sanguíneo cortical y la actividad neuronal
Fase anterior
Vigilia
Sueño de ondas lentas



     Estas fases tienen un efecto diferente en la salud de los individuos y en todas las actividades que realizan durante la vigilia. Gracias a ellas se produce una recuperación parcial o completa, según los casos, del desgaste diario de los órganos del cuerpo. Durante la fase de ondas lentas, se segrega la hormona del crecimiento, necesaria para que éste se produzca (en niños y jóvenes) y para la recuperación celular en adultos. En consecuencia, el sueño tiene una función regeneradora importante y la reparación que produce tiene efectos beneficiosos sobre todas las actividades y, en particular, como se verá a continuación, en el aprendizaje. La falta de sueño afecta al desarrollo del cerebro y muchos estudios han demostrado como su ausencia es uno de los factores que se encuentra de manera recurrente en poblaciones escolares asociadas a trastornos como:

  • depresión
  • problemas de conducta
  • vulnerabilidad ante el estrés
  • trastorno por déficit de atención con hiperactividad
  • mal rendimiento académico
  • menor eficacia en la toma de decisiones
  • incapacidad para la resolución de problemas

2.- La relación entre sueño y aprendizaje

Según Miyamoto y Hensch, numerosos estudios han demostrado que el sueño contribuye al aprendizaje tanto en los humanos como en otros mamíferos. Por ejemplo, tras una noche de sueño mejoran las tareas de discriminación y, por el contrario, si se ha privado a un individuo de él, se observa una disminución de la capacidad en este tipo de aprendizaje, e incluso, aunque el individuo duerma adecuadamente dos noches no es suficiente para recuperar el efecto de la privación. De manera general el efecto positivo del sueño en el aprendizaje, se manifiesta en:

  • reorganización en relación con el aprendizaje
  • revalorización emocional
  • formación de nuevas conexiones que potencian la producción de nuevos aprendizajes
  • consolidación de los aprendizajes relacionados con habilidades y procedimientos de actuación

Por tanto, el sueño adquiere un rol determinante entre los condicionantes del aprendizaje y debe contarse con él, con su regulación y calidad, para llevar a buen fin cualquier programa de estudios. Todos los profesores debemos transmitir la importancia de que los estudiantes —de todos los ciclos y niveles— tomen conciencia de que sin el sueño el aprendizaje no llegará a consolidarse y que, para la obtención de resultados positivos en el mismo, es necesario apoyarse en esas horas de aparente inactividad, pero que, en realidad, son una forma complementaria de actividad cerebral.


3.- Bibliografía utilizada

Anaya Nieto, D. (2009). Bases del aprendizaje y educación, Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, Sanz y Torres, pp. 76-78.
Huber, R. et al. (2004), «Local sleep and learning», en Nature, 430 (6995), 78-81.
Miyamoto, H. y Hensch, T. K. (2003), «Reciprocal interaction of sleep and sinaptic plasticity», en Molecular Intervention, 3 (7), 404-407.
Nelson, L. (2004), «While you were sleeping», en Nature, 430 (7003), 962-964.
Smith, C. (1996), «Sleep states, memory processes, and synaptic plasticity», en Behavioral Brain Research, 78 (1), 49-56.

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